Mis manos estaban penetradas por líquido vital que escurría hasta mis pantalones teñidos de rojo.
... Estaba enamorado de ella, así, así como estaba...
Antes me caía mal; era una deprimente bolsa de carne hedionda a talco, es decir, a lo que huelen todos los perfumes comunes. Pero una vez ya obligada a ser mía, la amo con gran falsedad hermosa de insanidad.
Su maldita voz taladraba mi cerebro y agregale que nunca paraba de hablar.
Aunque su simple parpadear me incitaba a crear dentro mi cabeza planes perfectos. Esos planes perfectos que se maquinaban automáticamente, con cierta naturalidad.
Analizando, se podía observar que le caía mal; de alguna manera lograría entrar a su casa el día de la reunión.
Obsérvenme todo poderoso, como para dejarse derrotar por un simple rechazo de su parte al no haberme invitado.
Bien recuerdo la forma en que me lo dijo; con sus ojos llenos de repugnancia, evitando respirar el mismo aire que yo exhalaba. Y aún así, mi decisión fue llegar de sorpresa (supuse que no sería tan descortés de su parte no dejarme pasar).
Lo hice. Entré, y parecía como si algún ser repulsivo y atroz hubiera arrancado el alma de los presentes con tan sólo su exhalación.
No tardé mucho en percatarme de la charla acerca de música estúpida y de muy mal gusto. ¿Qué me hizo saber eso? En realidad no lo sé, pero me percate de todo. Incluso del paquete de condones que tenía escondidos uno de los imbéciles, que seguro era para emplearlos de muy buen modo con alguna de las presentes.
Pasaron las horas y yo la observaba con una mirada que le produciría incomodidad.
Nunca me volteaba a ver, pero sí se sentía fatal por mi presencia. En sus pensamientos alcanzaba a escuchar su malevolencia hacia a mí, alimentándome tentadora y carnalmente.
Llegó el momento en que todos se fueron y quedé solo con ella. Tartamudeaba cuando trataba de sacarme plática.
Veníamos de diferentes mundos. Era como si un extranjero intentara hablar mi idioma. Tan desiguales pero a la vez destinados. Dos corrientes de diferentes sustancias fusionando.
Además... nada era absurdo, estaba logrando mi objetivo. Ella estaba sudando sexualmente con mi manera de observarla. Me acerqué a su inocencia idiota e insoportable, así que poco a poco la hice soltar el llanto.
Saqué de mi bolso una llave creciente de 6 pulgadas y con ella le arranque su lengua la cual había tentado almas pobres con sus besos.
¡Pobres imbéciles! ellos se dejaron seducir por su encanto empalagoso.
Agarré la llave y comencé a embarrársela en la cabeza con toda mi fuerza, queriendo ver su hermoso cerebro. Mi alma disfrutaba de su deceso, con sus ojos desorbitados y su respiración volviéndose nula, mientras observaba cómo toda su sangre se absorbía por el sofá como si fuera una enorme esponja.
... Estaba enamorado de ella, así, así como estaba...

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